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| Tal vez ya no esté lo que hiciste en mi, pero aún así te puedo encontrar. |
15 de agosto de 2010
Los Amores juveniles son así, Obsesivos, absolutos, a todo o nada. Lo terrible es que muchos años después uno siga comportándose de la misma manera. Lo doloroso es que así se quede uno: siendo una maldita obsesiva. Supuse que tenía que superarlo, pero nada parecía cambiar: Cocol seguía en mi cabeza. Lo perseguí, lo buscaba, me escondía, llamaba por teléfono y cortaba. Me sentía necesitada de su voz, de sus palabras, de sus miradas.. De mis inventos. De eso vivía: del timbre que le había atribuido a la voz de Cocol, de la personalidad que le compré, de un futuro ideal juntos, donde no existiera la diferencia de edad. En mi cabeza podíamos ser Felices y no entendía por que no se concretaba mi sueño. Me enojé con Dios y con el mundo. Deje de creer en el Ser divino y empecé a maldecirlo " Si dios existe, no puede estar haciéndome esto" No pensaba que dios estaba ocupado en cosas mas importantes, porque definitivamente para mi a los catorce años no había algo mas importante que Cocol. & Cocol y mi salud mental iban de la mano, irremediablemente. Así como también la falta de Cocol... & mi depresión eran MEJORES amigos.
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